Llega un momento en la vida de un hombre en la que, o empiezas ha hacer ejercicio, o sabes que te va a dar un jamacuco un día de estos. Y es que estar todo el día sentado en la oficina no es bueno. Y si llevas trabajando así años, sabes que a los 40 tienes muchas papeletas para que te de un infarto de miocardio.

Lo dicen todos los expertos, hay que moverse, que moviendo las piernas mueves el corazón. Y como los 40 llegan en un periquete, he decidido trabajar un poquito menos, y sacar un hueco para dedicarle a mi corazón y a mi cuerpo en general. Resumiendo, que me he apuntado al gimnasio. Además de empezar a cuidar mi alimentación.

Pero una cosa es apuntarse, que resulta muy sencillo (lo de pagarlo no tanto), y otra cosa bien distinta es ir regularmente.
Para ello, es imprescindible una motivación. Yo tengo la mía, como os he contado, más que un tema de estética, es un motivo de salud, porque sé que si hago ejercicio, durante no, pero después me encuentro mejor.

Como las excusas para no ir aparecen solas, lo que he hecho ha sido planificar la semana, incluyendo una hora durante 3 días para ir al gimnasio. Por el momento, creo que tres horas a la semana es suficiente, pues llevo muchos años sin hacer nada de ejercicio. Tengo días de por medio para dejar descansar mis músculos y no quemarme nada más empezar.

Mi objetivo es hacer 30 minutos de cardio (bici, elíptica o cinta de correr) y el resto del tiempo resistencia, hasta que esta rutina forme parte de mi vida. Se que no es bueno enquistarte en una rutina de ejercicio concreta, y que hay que variar el tipo de ejercicio y la intensidad para que los músculos no se acostumbren.

El monitor del gimnasio me ha insistido mucho en adoptar la postura correcta en cada ejercicio, pues no sólo afecta a mi cuerpo, sino también a mi estado de ánimo.
Nada de hombros caídos ni chepa para afuera. Espalda recta y una buena respiración es la clave para que mis músculos trabajen a plena capacidad.

En las fases de reposo hay que inhalar profundamente y durante el ejercicio hay que exhalar con fuerza, para generar más fuerza y hacer más trabajo.

Luego está el tema de el atuendo y el calzado. Antes de apuntarte al gimnasio tienes que comprarte unas zapatillas funcionales. Ya sabéis, el chico de la tienda te mira la pisada y te dice si eres pronador o supinador, y de acuerdo con eso, te da la zapatilla que mejor se ajusta a tu pie.

Me ha recomendado cambiar las zapatillas cada 3 meses si las uso regularmente, ya que la amortiguación y el apoyo en las suelas probablemente se habrá desgastado, pero creo que las mías van a durar bastante más.

En definitiva, es como empezar el cole, tienes que comprarte toda la equipación para ir a un sitio que no te gusta, pero que sabes que es necesario para tu futuro. Espero que no abandone, os iré contando.