Ayer, hoy y los próximos días de esta semana muchos sevillanos y sevillanas mirarán al cielo intentando descifrar preocupados si la lluvia hará acto de aparición. Son muchas las ilusiones depositadas durante un año esperando que lleguen estos días de Semana Santa.

Como sabéis, yo no participo en los actos de carácter religioso que se hacen en esta ciudad. No soy una persona creyente y considero que mi mayor respeto hacia el mundo cofrade es no participar en su liturgia, separando además mi condición de cargo público. Es la decisión que tomé desde mi acceso a la vida municipal y la he mantenido históricamente en este tiempo por coherencia personal.

No obstante, eso no quita para que entienda y valore la enorme importancia que para Sevilla y sus ciudadanos tiene la celebración de Semana Santa, desde muchos y diferentes puntos de vista, incluido el religioso. De ahí que yo también sea uno de los que desee que estos días no aparezca la lluvia, que paradójicamente suele ser siempre deseada por estos lares.

No son buenas las previsiones meteorológicas, pero aún se debe confiar en que un viento de última hora aparezca y se lleva las nubes a otra zona en la que el agua no moleste tanto como en la capital. Algunas cofradías no han podido desgraciadamente procesionar, pero todavía hay tiempo por delante esta semana para que el resto puedan hacerlo con normalidad.

Porque no sólo hablamos de ilusiones, que ya de por sí son importantes. Desde mi condición de responsable público no debo olvidar la aportación económica que para Sevilla supone la Semana Santa.

Son muchos los hosteleros que en estos días recuperan los ingresos que han bajado el resto del año por la crisis. Hay muchos turistas que visitan estos días la ciudad y que, además de gastar dinero en nuestros establecimientos, ejercen luego como embajadores para que el año que viene nos puedan visitar más compatriotas.

Un porcentaje de estas reservas –que en los días anteriores al comienzo de la Semana Santa se situaban cercanas al 90%- pueden ser canceladas si según avanzan las jornadas persiste el riesgo de lluvias, especialmente en la madrugada del jueves y el viernes santo, que es la fecha más señalada por el interés que concita entre los turistas y visitantes nacionales y extranjeros.

Pensando en todo esto y también en los amigos y conocidos que salen como nazarenos, costaleros e incluso algún capataz, espero de corazón que la lluvia nos deje en paz unos días. Que llueva la semana que viene y que después vuelva a irse para poder disfrutar de una Feria también tranquila.

No quiero terminar esta entrada sin hacer mención a un asunto que me resulta desagradable, pero que no debo obviar estos días, en los que ya se ve a algunos instrumentalizando sus sentimientos religiosos por otros intereses. Es lamentable que quienes no somos creyentes mostremos más respeto verdadero por la Semana Santa que otros que sí dicen serlo.

Rescato, por ello, un par de párrafos de la reflexión que hacía a este respecto el año pasado. Ha pasado todo este tiempo y, sin embargo, son palabras que tienen la máxima vigencia: